Estudio doctrinal
alejandrocavecchia 04-08-2009 GTM 1 @ 20:32FUNDAMENTOS DE LA PRÁCTICA DE LA FE
Tema 1 : El día del señor Jesucristo. La importancia capital de congregarnos sistemáticamente en la iglesia local, cada domingo.
Eric Henry Liddell nació en Tianjin (China) en 1902 y murió en Weishien (China) en 1945. Su corta vida nos deja un gran legado. Sus padres eran misioneros escoceses en la China. De manera que fue criado con los principios de Cristo y una enseñanza completa de la Biblia. A los seis años de Eric, él y su hermano Rob, fueron llevados a Inglaterra para ser educados en un colegio para hijos de misioneros.
Desde pequeño, Eric Lidell manifestó grandes dotes para el deporte. Jugó muy bien al Rugby, pero especialmente se destacó como velocista en las competencias atléticas. Tanto, que hacia 1920 mientras cursaba sus estudios universitarios de Ciencias Exactas, continuó compitiendo en sus dos deportes favoritos y en 1923 se coronó campeón británico de 100 y 200 yardas. En las 100 yardas estableció un nuevo récord británico con 9,7 segundos que no sería superado sino 35 años más tarde.
La historia dice que fue elegido para participar en los juegos olímpicos de 1924 en París, para correr en los 100, 200 y 400 metros como velocista de Inglaterra. Aunque había sido seleccionado, no pudieron convencerlo para que corriera la prueba de 100 metros (y era el más veloz por aquellos días) porque la competencia se corría un día domingo ¡y no corrió por no quebrantar el principio de apartar el día para Cristo!
Pasado aquel domingo, corrió en la prueba de 200 metros (obtuvo medalla de bronce) y luego la de 400 en la que obtuvo la presea de oro con una victoria arrolladora batiendo el récord de velocidad olímpica con 47,6 segundos.
Un tiempo después fue misionero para Cristo en la China, siguiendo las pisadas de sus padres. Toda su historia la conocimos a través de la famosa película “Carrosas de fuego”.
Eric Lidell es un ejemplo a seguir por nosotros los cristianos del siglo XXI.
No son pocos los cristianos que profanan el día domingo. Sencillamente, se llaman a sí mismos “hijos de Dios” o “cristianos” pero, concretamente, hace años que no se congregan o lo hacen cuatro o cinco veces al año… Es decir que la mayoría de las semanas del año comienzan profanando el día santo (el día en que el Señor Jesucristo resucitó). Menosprecian el cuarto mandamiento. Subestiman la importancia capital del mandato divino. La mayoría de estos hermanos se especializa en encontrar excusas ante aquellos que los alientan a no dejar de asistir los domingos a la comunidad del reino de Dios: la iglesia.
Como nos va la vida espiritual en este asunto, veamos algunos principios espirituales sobre los que tenemos que construir nuestro carácter cristiano.
Razones para congregarnos y nunca dejar de hacerlo
• Es un mandato del Señor.
Ex.20:8-11 Acuérdate del día de reposo para santificarlo(…) Es el cuarto de los diez mandamientos. Santificar el día del Señor. El concepto espiritual consiste básicamente en que:
(1) El día es del Señor y debe apartarse (santificarse) para él, o dicho de otra forma: debe ser dedicado esencialmente para Dios.
(2) Es un día sagrado, por consiguiente no debería ser profanado con otras actividades que suplanten o impidan el encentro con Dios en medio de su pueblo.
(3) Es un día de reposo para descanso de la mente, alma y cuerpo, fatigados por el contacto con un mundo contaminado por la impiedad y el materialismo ególatra y asesino.
Hebreos 10:23-25 “no dejando de congregarnos”. La advertencia apostólica está incluida en el Evangelio de Dios. Quien quiera vivir un cristianismo genuino se congregará regular y fielmente. Desechar este principio espiritual es una inmensa necedad y por más racionalizaciones o excusas que se intenten, tarde o temprano dejara inválido y sumido en una fe enferma y solitaria al desobediente. ( leamos también Salmo 22:1 y 134:1).
Está claro que los judíos del Antiguo Testamento guardaban el sábado (el séptimo día) pero que los cristianos lo hacían el domingo (primer día de la semana) porque fue el día en que nuestro Señor resucitó. (Leer al respecto: Neh.8:1-2,10; 1 Cor.16:2)
• Es un “termómetro espiritual”. Lo que sería contraproducente en una medición térmica humana, por ejemplo cuando se superan los 37 grados, en la “temperatura espiritual” cuanto más caliente mejor. Leemos en Romanos 12:11 que dice: (…) “fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”, que literalmente significa: “hirviendo”. Y para ello es necesario más fuego. Cuando nos congregamos nos exponemos al fuego de Cristo y esto nos hará siempre bien, más allá de nuestra condición previa.
No es difícil constatar cómo se va “enfriando” el cristiano que está apartándose o que ha abandonado la periodicidad del encuentro de cada domingo con Dios y su pueblo.
• Es una necesidad imprescindible para la supervivencia espiritual. Somos seres gregarios (aun los más solitarios). Nuestra espiritualidad es comunitaria, esencialmente, aunque esto no anula la individuación del creyente, por el contrario, la potencia. Todas las manifestaciones humanas concluyen en la comunidad, cuando esto no ocurre estamos en presencia de algo anómalo o enfermo.
• Era la práctica formal de la iglesia primitiva y debe seguir siendo la nuestra. 1 Corintios 16:2
• Es el primer acto de testimonio de fe en el Evangelio de Cristo. Nuestra fe es (nos guste o no) una fe pública. Que nace en privado, en el interior del corazón, pero que nunca se aborta o recluye allí. El comienzo de todo camino espiritual cristiano empieza en la relación comunal, en el contacto con la iglesia de Cristo. Pablo iba camino a Damasco cuando se encontró con Cristo y el primer mandato que recibe de parte del Señor es ir a encontrarse con el profeta Ananías, leamos en Hechos 9:1-19. Notemos que lo primero que se le pide a Pablo es que se encuentre con el otro (Hechos 9:10-12). No le ordenan aislarse en su propio “desierto” espiritual. Desde el inicio, el Espíritu Santo no lo introduce a una práctica ermitaña, solitaria, sino a una vida en comunidad.
Cuando no asistimos a la congregación estamos debilitando no sólo nuestro testimonio sino también el de nuestra iglesia. Porque cuando una persona nueva (que no conoce a Cristo) se acerca a la reunión evangélica cada asistente está confirmando la importancia de ese tiempo especial y cada silla vacía parece sugerir lo contrario.
• Todo ministerio cristiano da su primer paso el día del Señor.
Es inconcebible que un cirujano opere sin asistir al quirófano, ni que el futbolista triunfe sin entrar al estadio, ni que el bailarín baile su danza sin ingresar al escenario, ni que el maestro no se haga presente en el aula para enseñar a sus alumnos. Asimismo, pensar en desarrollar un ministerio cristiano sin relación con la iglesia es ridículo (y hay en el presente una fuerte tendencia personalista e individualista que busca esa clase de “extensión del evangelio”…).
“Yo no asisto a la iglesia pero igualmente leo la Biblia y oro”… es la excusa perfecta siempre adornada con los pretextos que puedan acompañarla.
Mi abuela se entregó a Cristo siendo una persona octogenaria. Hizo su oración de consagración delante de mí. Ella estaba gravemente enferma del mal de Parkinson y nunca pudo congregarse formalmente en el templo. No pudo bautizarse. Su cuerpo quedó confinado a los estrechos espacios que le brindaron su cama y su silla de ruedas, sumido en una dolorosa rigidez que la exponía a indecibles dificultades hasta para recibir la comida en la boca. Pero ella siempre me llamó para orar juntos y esperaba que yo le leyera pasajes extensos de la Palabra de Dios. Esto me enseñó que efectivamente hay creyentes, discípulos de Jesucristo como mi abuela Margot, que están realmente impedidos de asistir a las reuniones de su iglesia y al mismo tiempo anhelan permanentemente estar en comunión con sus hermanos…
Por otro lado se me hizo patente que cualquier otra excusa que no sea un genuino impedimento es una actitud personal de desobediencia a la Palabra de Dios.
• Evitamos ser profanos. Aunque nos resulte chocante, esta afirmación es bíblicamente verdadera: todo cristiano que se precie como tal, debe apartar el día del Señor para el Señor. Si no lo hace, actúa como un profanador de lo sagrado. Leamos Nehemías 13:17-22.
• Tiempo y espacio. Toda experiencia humana se lleva a cabo en un lugar determinado y en un lapso específico. Pensemos en el Tabernáculo de reunión que era una especie de gran carpa y más tarde el Templo en Jerusalén. Las sinagogas después de la deportación a Babilonia. Siempre los lugares fueron preparados para que el pueblo se acostumbrara a buscar comunitariamente a su Dios. La fe “electrónica” es decir la emisión de cultos o estudios bíblicos que hacen los canales o radios evangélicas (aunque no son malos en sí mismos) no son sustitutos de la experiencia real, del encuentro con Dios y su pueblo. De manera que el lugar en el que está la manada es en el que se congregan las ovejas…y allí las alimenta el Pastor.
• Es un reflejo de la gracia. No estamos diciendo que debemos congregarnos para ser salvos. Afirmamos sencillamente que: quien ha tenido un encuentro espiritual con el Cristo resucitado, quien ha sido alcanzado por la gracia del Espíritu de Dios, se unirá a la iglesia y no abandonará la congregación de los santos ni apostatará de la fe.
Este fundamento milenario de la práctica de la fe cristiana, lejos de ser removido, se intensificará en el presente siglo y tomará múltiples formas y espacios, continuará el acto de adoración a Dios por un pueblo unido y bien concertado.
Pr. Alejandro Cavecchia
Glew 4/8/2009

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EL PODER, EL GOZO, LA PAZ, LA SANIDAD Y EL AMOR SE RESUME EN UNA SOLA PALABRA: LA GLORIA DE DIOS.
LA GLORIA DE DIOS VIENE A NOSOTROS CUANDO ESTAMOS JUNTOS (2 o +), ES DECIR CUANDO ESTAMOS CONGREGADOS, ESTO NO LO DIGO YO, LO DICE EL SEÑOR, ESCUCHENLO A EL:
DIJO JESUS : " LA GLORIA QUE ME DISTE, YO LES HE DADO, PARA QUE SEAN UNO, ASI COMO NOSOTROS SOMOS UNO." Jn 17:22