Los lideres obreros en la iglesia pequeña
alejandrocavecchia 09-08-2008 GTM 1 @ 20:54La calidad espiritual de los líderes cristianos determinará la clase de congregaciones cristianas que tendremos en las próximas décadas. De eso no tenemos dudas. Es materia de estudio permanente.
En las iglesias evangélicas, especialmente desde hace unos veinte años hasta la fecha, se han aceptado con agrado diversos cursos de liderazgo espiritual. Aunque también se incluyeron múltiples seminarios de tendencia a la gestión de carácter empresarial con aplicaciones pragmáticas al ejercicio del liderazgo cristiano.
Algunos materiales: libros, DVD, conferencias grabadas, etc., contienen abundante apoyatura bíblica y otros están basados más bien en principios seculares de administración y conducción. Unos mantienen ciertos perfiles pastorales y otros ponen un énfasis decididamente empresarial.
Bajo la perspectiva paulina de “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tes.5:21) continuaremos estudiando y aprendiendo todo aquello que es útil, provechoso, para la suministración eficaz del evangelio.
Parecería que estuviéramos asintiendo complacientemente a cualquier esfuerzo por aprender todo lo referente al “liderazgo” a cualquier precio. Pero no es así. No, al menos, sin decir que no todo lo que reluce es oro en esta materia…mucho menos si hemos de evaluar los principios implícitos arriba aludidos a la luz de los valores del reino de Dios.
Nos proponemos resaltar las características esenciales que deberíamos encontrar en los candidatos a ser “líderes obreros”, como los nominamos en el título. ¿Porqué llamarlos así? ¿Y porqué aplicarlo a la iglesia pequeña y no a la grande? Lo descubriremos al final de este artículo.
En uno de los diálogos de La república de Platón, Sócrates le responde a Glaucón: (Sócrates) -¿No te das cuenta acaso –dije- del premio propio de los mejores, por el que gobiernan los hombres de provecho cuando se prestan a gobernar? ¿O ignoras que la ambición y la codicia son tenidas por vergonzosas y lo son en realidad? (Glaucón) –Lo sé –dijo. (Sócrates) –Por esto –repuse yo- los buenos no quieren gobernar ni por dinero ni por honores (…)
Si para el maestro de Platón, Sócrates, era una calamidad digna de vergüenza el toparse con “líderes” o “gobernantes” dados a la ambición de honores y prestigios y codiciosos de riquezas, dejemos correr un poco nuestra imaginación respecto de lo que pensaría el Gran Maestro de todos los siglos. Pensemos a Jesús (nuestro modelo) en los términos que lo presenta el Nuevo Testamento, humilde, o lavando los pies de los apóstoles, o entrando a Jerusalén en un burrito, o cansado por haber andado de a pie todo el día bajo el calor abrasador del desierto, o cuando era un muchacho trabajando en la carpintería de José, o aún más atrás: cuando era un adolescente sujeto a los designios domésticos de su familia en la antigua Palestina.
La aplicación directa de principios seculares de liderazgo al ministerio cristiano, sin filtros teológicos o bíblicos, puede dejarnos resultados que contengan también ciertos “virus” que tendremos que limpiar de nuestro sistema…antes que seamos “infectados” con ambiciones y codicias opuestas al modelo del Cristo experimentado en quebrantos y ¡victorioso en la cruz! (Isaías 53:3).
¿Cuáles serían las cualidades o atributos que buscaríamos en aquellos que serán nuestros “líderes obreros”? ¿Cuál será el paradigma, el modelo a seguir?
Estas virtudes deberían buscarse sin parecernos demasiado exageradas, al fin y al cabo las listas de los requisitos de obispos, ancianos y diáconos en 1 Timoteo 3:1-13; Tito 1:5-9 ¡son sumamente exigentes!
LIDER OBRERO CRISTIANO
La designación de “obrero líder” responde al modelo de consagración de Jesucristo. Es la persona dispuesta a realizar tareas muy humildes y anónimas, mientras cumple el mandato asignado en Mateo 28:18-20 de formar discípulos de Cristo hasta lo último de la tierra. ¿Qué virtudes y actitudes emergentes deberíamos observar o constatar en los candidatos? ¿Qué “lecturas” tendríamos que hacer? Hay van algunas:
• Vida Espiritual. Biblia y Oración. Percibimos un gran interés por la lectura y el estudio de la Palabra de Dios. Discernimos en sus actitudes el trasfondo espiritual de una persona que dedica tiempo a la oración.
• Familia. ¿Cómo “funciona” su matrimonio? ¿Cómo es con su esposa o esposo? ¿Qué clase de padre o madre es? Si es soltero/a, ¿cómo se vincula con sus padres y hermanos?
• Dócil para aprender. Todo el mundo conoce la diferencia entre un caballo que no ha sido domado y uno manso, deberíamos estar entrenados para reconocer a la persona enseñable de la resistente a los cambios.
• Aseo y vestimenta personal. Presentación en sociedad. No necesita caminar con esmoquin o vestido lujoso (en el caso de la mujer) será suficiente que se muestre bien aseado y vestido con sobriedad. Conocí a un sujeto que solía llegar a la reunión con fuertes olores de transpiración…
• Casa. ¿Cómo es su casa? ¿Cómo es el orden y la limpieza del hogar o su habitación? ¿Administra o gobierna bien los asuntos de su vivienda? ¡Nunca menospreciemos esta señal!
• Economía. ¿Cómo es con el uso del dinero? ¿Cómo administra su dinero? Por ejemplo: ¿Da su diezmo y ofrendas todos los meses de todos los años? ¿es egoísta y tacaño? ¿tiene avaricia o es desprendido? ¿es prolijo con su administración financiera o es un pequeño desastre?
• Actitud hacia el trabajo manual. ¿Pone “manos a la obra” o manda la obra a las manos de otro? ¿trabaja genuinamente o lo usa para estar en la “vidriera” de la congregación? ¿qué sabemos de su verdadero desempeño en su trabajo “secular”? ¿cuál es la actitud en las jornadas de trabajo en las instalaciones de la iglesia? ¿trabaja o hace que trabaja?
• Calidad de sus trabajos y tareas. Más allá de cantidades ¿cómo es el resultado de los trabajos terminados por nuestro candidato/a?
• Militancia cristiana. Además de los domingos, ¿podríamos involucrarlo en actividades durante otros días de la semana? ¿Dedica tiempo y esfuerzo a la obra del Señor o tiene otras prioridades?
• Intelectualidad. (2 Timoteo 4:13) Pablo pedía a Timoteo los pergaminos y los libros. Nuestro candidato “pide” libros o se escapa de ellos como si fueran perros rabiosos.
• Vida en comunidad. ¿Cómo es la asistencia a las reuniones o cultos de la iglesia? ¿Está integrado a la comunidad o es un mero asistente? (Será muy importante verificar cómo se integra a la comunidad civil o secular, fuera de los entornos eclesiásticos). ¿Cómo se vincula con el otro? ¿Cómo es su alteridad: es positivo, constructivo con los demás, o suele animar episodios en los que muestra ciertas actitudes despreciativas hacia su prójimo?
• Autoridades. ¿cómo se relaciona con las autoridades? (Pastores, ancianos, obreros, diáconos, etc.) ¿Cómo construye sus vínculos? Sujeción y comunión. Acuerdos. ¿Cómo reacciona ante lo acordado o consensuado por la comunidad? ¿es obediente? ¿mantiene una actitud distante, silenciosa y pasiva? ¿manifiesta insubordinación a lo pautado? en otras palabras, ¿“pasó por alto” lo que debió hacerse? Leamos con cuidado Amós 3:3 ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?
• Trabajo en equipo. ¿Se adapta al trabajo en grupo? ¿Sabe cumplir su parte o es un problema? ¿Es “llanero solitario”?
• Humildad. ¿qué busca y cómo lo busca en todo lo que hace? ¿cómo habla de sí mismo y de los demás? Observando con cuidado, llegaremos a saber si es una persona humilde o arrogante.
La lista se haría interminable, pero la expuesta en el artículo es suficiente para tomarnos muy seriamente el asunto. La nominación de “obreros” líderes está fundada en 2 Timoteo 2:15 y en estos 20 años de ministerio pastoral en los que pude observar que los que realmente edifican la iglesia del Dios viviente son aquellos que siguen el modelo de humildad y perseverancia de Cristo Jesús. La soberbia se arropa con vestidos religiosos pero es tan destructiva como su padre el diablo.
He puesto el énfasis en la iglesia pequeña, llamada a crecer, porque allí es donde más daño hacen personas que viven encantadas con las “mieles” del “liderazgo”. Suelen ser personas que se aman desmedidamente a sí mismas, con narcisismos malsanos, con motivaciones espurias, infieles, no idóneas, aunque a priori ostenten una “apariencia de piedad”.
No he descartado a la iglesia grade y saludable, al contrario, creo que allí es donde más se deben aplicar los principios bíblicos que señalé. La congregación robusta suele tener más anticuerpos para resistir a los “lideres” negativos que de tanto en tanto se levantan. En la iglesia pequeña no hay mucho margen de error. Por consiguiente, apliquemos toda la paciencia, tomemos suficiente tiempo para orar, ayunar y observar la obra de Dios, y en ella, a los que llevan los frutos de Dios.
Pastor Alejandro José Cavecchia
Glew, Argentina, 7/8/2008

Meneame
del.icio.us